miércoles, 17 de octubre de 2007

reencarnación

Hay todo tipo de religiones para todo tipo de personas. Hay gente que presume de ser profundamente religiosa (basado en hechos reales, he conocido a un tipo que lo decía así, literalmente, con la cabeza bien alta) Hay personas que creen en dios, en la vida eterna, en el infierno o en el nirvana. Yo no soy una de ellas

No creo en dios, ni en el juicio final, ni que haya ninguna vida después de esta. Tampoco entiendo muy bien la necesidad de creer en algo más. ¿Para qué? Cuando se termina la fiesta, se acabó lo que se daba, ¿por que tendría que haber un botón de replay? Ni que esto fuese una retransmisión de fútbol de canal+

Pero dejando al margen que me crea estas historias o no, una de las más originales me parece es la de la reencarnación. Se supone que tenemos alma, y que cuando se muere el cuerpecillo serrano que tenemos por concha, tipo caracoles, sale el alma y se reencarna en otro cuerpecillo, que no tiene porqué ser de la misma especie ni género que el cuerpecillo anterior. Seguro que al que se le ocurrió la idea estaba un poco fumado

Pues mira, yo siempre he dicho que es una de las posibilidades que más me gustaría. Mucho mejor que pasarme toda la eternidad flotando en el cielo con San Pedro, dónde va a parar. Y puestos a elegir en qué me quiero reencarnar, está claro: en un mandril

Ni pájaro, ni delfín, ni otra vez una persona, ni gaitas. Un mandril, preferentemente macho. Ya que tengo que volver a ocupar el tiempo de mi preciosa alma inmortal en algo, prefiero tener el culo rojo brillante, seguir teniendo pulgares oponibles y, sobre todo, la gran ventaja de hacerme pajas todo el día sin importar el qué dirán. Qué bonita la vida del mandril! ¿quién quiere ser gavilán surcando los cielos? ¿para qué ser un hipocampo en las profundidades marinas? Pudiendo disfrutar del onanismo, ¡que se quiten los mares y los cielos!

1 comentario:

Anónimo dijo...
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