jueves, 18 de octubre de 2007

these boots are made for walking

Me gustan las botas, las buenas botas. El buen calzado es como el buen vino: una buena inversión. Cuero por dentro y cuero por fuera, nada de plástico ni de cuero sintético. Al fin y al cabo, los pies son delicados, una superficie pequeñita donde se apoya todo el cuerpo, y si falla la cimentación, cae el edificio

Puedo ser tacaña en otras cosas, por ejemplo, no gastaría más de 50 € en un bikini. No me saldría a cuenta, porque últimamente paso los veranos trabajando, así que es una prenda que uso unas cinco veces al año. Sin embargo, sí gastaría 150 € en unas botas

Unas buenas botas marcan la diferencia, pueden incluso hacerte ganar una guerra, como las botas del ejército imperial chino. Sin embargo, a pesar de las botas, los alemanes perdieron en la II Guerra Mundial. Una derrota incomprensible, teniendo en cuenta la calidad de su calzado

El enemigo tenía botas baratas, hechas de cartón, de goma o de vete tú a saber qué porquerías. Frías cuando hacía frío, no transpiraban por lo que tenían los pies cocidos, les entraba agua con la lluvia,… ¡así no se gana una guerra! Sin embargo, las botas de los alemanes eran la envidia de todos los ejércitos, y aún hoy en día las puedes encontrar en algunos mercadillos de Europa, listas para seguir siendo usadas a pesar de tener más de medio siglo a sus espaldas. Eso son buenas botas, y lo demás tonterías

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