Como una ya es una señora mayor, estudió EGB, BUP y COU. Por aquel entonces, teníamos que estudiar, memorizando, un montón de datos, algunos incluso útiles. Gracias a ello, aún es hoy el día en que puedo recitar entero el Credo largo, el Adios Ríos, Adios Fontes de Rosalía de Castro o las características de las monocotiledóneas. Muy útil si un día voy a un concurso de la tele
Otra de las cosas que teníamos que hacer, era leer un libro cada evaluación, como mínimo. Yo no se qué criterios utilizaban para la selección de los libros, pero para gustos colores y cada lector es un mundo. Así que imponer un libro, un género o un autor a una persona, puede ser peligroso, ya que puede provocar que dicha persona acabe odiando los libros, leer, la lectura y todo lo que se le parezca
Recuerdo con horror haber tenido que leer tostones de libros que, por suerte, no minaron mi aficción a la lectura, aunque podría haber sido el caso. No se en qué cabeza cabe, coger a un pobre niño de sexto y obligarlo a leer Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela (este va por unmuerto) uno de los libros más lentos y aburridos de la historia de la humanidad. Menos mal que el siguiente fue Zalacaín el Aventurero, de Pío Baroja, mucho más acorde a nuestra edad y gustos
También recuerdo en mis peores pesadillas a Miguel Delibes. El Camino conseguí, a duras penas, terminarlo; pero con Las Ratas no pude, confieso que no llegué ni a la mitad, y el examen sobre él lo hice por apuntes y echándole imaginación
Me gustan los Sonetos del Amor Oscuro, de García Lorca, pero los señores Ministros de Educación decidieron que era mejor que en COU leyesemos el Romancero Gitano, no se por qué oscura razón, cuando es otro coñazo de libro, al igual que Tiempo de Silencio, de Luís Martín-Santos, que tampoco fui capaz de terminarlo
Por suerte, en la lista de libros obligatorios del colegio también estuvieron el Arbol de la Ciencia de Pío Baroja, Crónica de una Muerte Anunciada de Gabriel García Márquez, Ilustrísima de Carlos Casares, el Conde Lucanor del infante Juan Manuel, y alguno más que si merecieron la pena y tal vez no hubiera leído si no me hubiesen obligado, así que supongo que, en mi caso, quizá salí ganando con la EGB
Otra de las cosas que teníamos que hacer, era leer un libro cada evaluación, como mínimo. Yo no se qué criterios utilizaban para la selección de los libros, pero para gustos colores y cada lector es un mundo. Así que imponer un libro, un género o un autor a una persona, puede ser peligroso, ya que puede provocar que dicha persona acabe odiando los libros, leer, la lectura y todo lo que se le parezca
Recuerdo con horror haber tenido que leer tostones de libros que, por suerte, no minaron mi aficción a la lectura, aunque podría haber sido el caso. No se en qué cabeza cabe, coger a un pobre niño de sexto y obligarlo a leer Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela (este va por unmuerto) uno de los libros más lentos y aburridos de la historia de la humanidad. Menos mal que el siguiente fue Zalacaín el Aventurero, de Pío Baroja, mucho más acorde a nuestra edad y gustos
También recuerdo en mis peores pesadillas a Miguel Delibes. El Camino conseguí, a duras penas, terminarlo; pero con Las Ratas no pude, confieso que no llegué ni a la mitad, y el examen sobre él lo hice por apuntes y echándole imaginación
Me gustan los Sonetos del Amor Oscuro, de García Lorca, pero los señores Ministros de Educación decidieron que era mejor que en COU leyesemos el Romancero Gitano, no se por qué oscura razón, cuando es otro coñazo de libro, al igual que Tiempo de Silencio, de Luís Martín-Santos, que tampoco fui capaz de terminarlo
Por suerte, en la lista de libros obligatorios del colegio también estuvieron el Arbol de la Ciencia de Pío Baroja, Crónica de una Muerte Anunciada de Gabriel García Márquez, Ilustrísima de Carlos Casares, el Conde Lucanor del infante Juan Manuel, y alguno más que si merecieron la pena y tal vez no hubiera leído si no me hubiesen obligado, así que supongo que, en mi caso, quizá salí ganando con la EGB
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