Queremos mantener el mismo sistema económico de hace cuarenta años, esperando que funcione de manera eficaz, a pesar de que el mundo no es el de hace cuarenta años
Cualquiera puede ver que el mundo está cambiando con nuevas costumbres, tecnologías, materiales, medicamentos, alimentos, relaciones, productos,.... Los cambios son evidentes: se pueden apreciar en el uso generalizado del móvil y el resto de los avances y mejoras de nuestro siglo XXI. Compramos por internet a una empresa americana productos japoneses producidos en Eslovenia.
Pero si cualquiera puede ver esto, entonces ¿por qué nos indignamos cuando vemos el alto índice de paro o los problemas económicos derivados de un sistema obsoleto basado en situaciones de cuatro décadas atrás?
Lo que les valió a nuestros padres en su juventud para formarse y obtener un puesto de trabajo para crear y mantener una familia, no puede ser exactamente lo mismo que utilice yo varias décadas después, a no ser que esté dispuesta a renunciar a los avances y comodidades del siglo XXI y vivir como en la postguerra.
Es necesario adaptarse a las nuevas demandas de la nueva sociedad. Un ejemplo de ello es Ikea: las mueblerías tradicionales vendían muebles pensados para la sociedad de hace cuarenta años; esta sociedad vivía en casas o en pisos de 80 m2 y demandaba muebles sólidos y elegantes, de maderas nobles y de gran tamaño. Pero la sociedad cambió y de vivir en pisos y casas grandes pasó a vivir en domicilios de 60, 50 o 30 m2, y no necesitaba grandes muebles pesados sino pequeños y útiles, con los que aprovechar el espacio. E Ikea supo ver estas nuevas necesidades de la sociedad actual y se adaptó a la demanda, ofreciendo muebles en los que primaba más el diseño y la utilidad que la calidad de la madera, de acuerdo con los nuevos usos y costumbres
Renovarse o morir. Evolucionar con los tiempos. Como ya dijo Darwin, sobrevive el más adaptado al medio y no el más fuerte. Y sin embargo, ¡cómo nos cuesta atrevernos a innovar, arriesgarnos, hacer algo nuevo o de manera diferente!. Mientras sigamos haciendo las cosas igual que hace medio siglo en nuestro mundo actual, estaremos condenados al fracaso. Pero seguimos haciéndolo, una y otra vez, a pesar de que:
“La definición de la locura es repetir una y otra vez la misma acción esperando obtener resultados diferentes.”